Observé perpleja en un dualismo separado por la línea de lo tangible y lo eterno, real e irreal difuminándose por el nuevo mundo que regía sobre mí. Un esbozo del color de mi aura en un lado; del otro, mi cuerpo que se desvanecía con cada puñalada que daba más forma al inconcluso dibujo. Mientras, seguimos las dos opuestas con el único nexo que es la muda súplica. Vivía para morir, y me encaminaba a vivir muerta en una seca representación sujetada a la contemplación.
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